Conocen la historia del Rey Arturo y Excalibur, la espada en la piedra?
Para los que no la conocen, Arturo (también famoso por su estreñimiento crónico), Rey que se debate entre la realidad y la ficción, era el único que, por ser el legítimo heredero del trono, era capaz de quitar la espada Excalibur de la piedra en la que estaba incrustada.
Uno diria que hoy en día estas cosas no pasan porque existen productos como el WD-40 o el clásico aceite de máquina que entre otras cosas sirven para aflojar cosas incrustadas. Pues bien, he llegado yo para contarles que yo, Ignacio Francisco Ramírez Paulino, me enfrenté a un caso muy similar. Paso a detallarles.
Desde que llegamos una de nuestros objetivos era comprarnos unas bicicletas. Pero claro, nuestro presupuesto (budget, como le dicen acá) no da para comprar un par de Trek último modelo, así que rascamos en los clasificados y papelitos que cuelgan en los lavaderos de los complejos habitacionales de estudiantes con ofertas y teléfonos para arrancar. Finalmente encontramos una chiva de mujer por $15. Pati la fue a ver y estaba bastante bien, así que la compró. Ahora, los dueños nos ofrecieron otra chiva de hombre para llevarnos gratis con la que compramos. Esta estaba superficialmente en la lona, el asiento sin funda, bastante herrumbrada y las llantas en la lona.
Bien! Esto es un trabajo para Nachito el restaurador! Los que me conocen saben que tengo ese gusto por restaurar cosas, así que me la llevé y en poco tiempo y con poca plata (menos de $20) la pude dejar muy linda, con cámaras y cubiertas nuevas, aceitadita, y resulta ser una muy buena bicicleta. El único problemita, aparentemente insignificante: el asiento estába muy bajo.
Bueno, subimos el asiento? No big deal. Ta, aflojamos el tornillo que apreta el asiento, tiramos del asiento y.... nada, no se mueve che. Pero qué cosa. Bueno, tengo la llave esta tipo pico de loro acá, y tengo una lata de WD40. Perfecto, le metemos WD40, dejamos que penetre y probamos con la pico de loro. Umpf, ungh. No anda che, qué lo parió. Uy, se melló todo el poste del asiento. Es que es de aluminio (sólido) que cosa rara.
Pocos días después paso por un taller mecánico y le pido una BUENA llave, bien grande. A los yanquis les encantan las cosas grandes, y sobre todo ver que las cosas grandes sirven para algo más que satisfacer un reflejo fálico, así que con gusto me dieron su gran herramienta para que yo usara. Pero nada. Bueno, trajeron su super lata (obviamente más grande que la mía) de WD40 y le dieron como adentro de un gorro. Nada. No way. Me voy. Pero luego vuelvo. Tengo una idea! Ya sé, meto la bicicleta en una morsa, agarrada del asiento, y hago fuerza sobre el cuadro.
Y se mueve! Si, it's alive! Increíble, se mueve, luego de un doloroso "crank" empezó a moverse el asiento, logré girarlo un poco para un lado, un poco para el otro. Pero subirlo, ni en pedo. Apenas me daba la fuerza para bambolearlo un poco. Me rendí. Próxima parada, el bicicletero.
La llevo a la bicicletería. Me dicen que me cobran $30 por sacar el asiento. Y bueh, entre eso y reventarme las rodillas, dale, hacelo. Les aconsejo que hagan como yo hice con la morsa, que de otro modo no la van a mover.
La historia termina 2 horas más tarde. Me llamaron. Lograron sacar el asiento. El detalle: requirió la morsa (tal como les dije) y 5 tipos. Sí, 5 yanquis enormes todos empujando como locos para poder sacar el asiento de mi bicicleta.
Ahora resta saber, cuál de ellos es el heredero del trono. Y de qué trono? Vaya uno a saber.

1 comentario:
Tendrías que haber probado sumergir el caño en coca cola.
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