domingo, 1 de febrero de 2009

e-pizza

Hace ya un tiempo que, por primera vez, pedí una pizza por internet.
Anoche lo volví a hacer. Y no dejo de caer en el asombro.
No es que nunca haya comprado nada por internet: lo he hecho muchas veces, pero el retardo usual (días, semanas) hace parecer que hay un proceso complicado por detrás. Y lo hay.
Tampoco es que no haya pedido una pizza a domicilio nunca, obviamente.

Pero la combinación de ambos elementos: pedir algo por internet y que un tipo aparezca media hora (si, media hora) en la puerta de tu casa, sobre todo sabiendo que el sitio web no es de Minnesota sino que es único para todo EEUU, es hermosamente asustador.

Motivado por esta maravilla de la tecnología al servicio del sedentarismo, quiero contarles a quienes no están familiarizados con el proceso, cómo es la cadena de eventos desde el estímulo (click en "pedir pizza") hasta que cae un dogor con gorrito de béisbol con cara de bonachón y una pizza entre sus manos.

Voy a evitar todo lo que refiere a los formularios web, y saltar al glorioso momento en que, luego de decir mis datos (dirección, nombre, estado civil, etc.) y mi tarjeta de crédito (xxxx xxxx xxxx 1234) ,hago click en "confirmar orden". Hago esto porque me interesan en particular los eventos físicos de magnitud, como la transferencia de datos de un lugar a otro, o un camión viajando.

Hago el click.

Esto genera un estímulo en el mouse, que genera una serie de pulsos eléctricos a través del cable USB. Esto es identificado como un "click" por el navegador.

El navegador manda todos mis datos a alguna parte del mundo, probablemente acá en EEUU. Estos datos viajan probablemente en varios pedacitos llamados paquetes, que pueden hasta viajar por distintas rutas (distintos cables, medios, antenas, etc.) hasta llegar a su destino.

Estos paquetitos son recibidos por el servidor(1) de "Papa John's Pizza". Es un pedido de pizza. Hay que cobrar $15 a IGNACIO F. RAMIREZ con la tarjeta XXXXXXXXXXXXXXXX1234. Hay que mandarle una pizza "Garden Fresh" a 1259 Fifield Place, Saint Paul, MN 55108.

Bárbaro piensa el servidor. Primero cobramos. Mandamos los datos de la tarjeta a oootro servidor, el de VISA.

El servidor de VISA recibe los datos y ve que mi tarjeta (de débito) está asociada a una cuenta en un banco. Perfeeecto. Le sacamos $15 al Nacho de su cuenta. Para esto el servidor de VISA manda a su vez una orden al servidor del banco.

El banco dice que tengo fondos. OK. Si no tengo $15 estoy en el horno no? Bueno, me saca los fondos, y le dice a VISA que está todo bien (con otro mensaje partido en pedacitos que viaja vaya a saber uno por donde).

VISA muy feliz a su vez le dice a Papa John's que todo salió bien. Que el señor Ramirez pagó la pizza.

El servidor de Papa John's, ebrio de emoción, pasa a procesar mi pedido.
Se fija a donde. Minnesota? La loma del hongo. Bueno, mandamos entonces el pedido al servidor de la sucursal más cercana: Roseville. Por internet también, claro.

Roseville es acá nomás, al norte de mi "ciudad", Falcon Heights.

Ahí llegó el mensaje al servidor. Por fin, mágicamente, este mensaje se transforma en un papelito que es visto por un ser humano. Se imprime (solito). Sale por una impresorita de matriz de punto en un chirrido que nadie oye por el ruido del boliche.

Pero alguien está mirando ese papelito. Es el chicano, "Juanes". 1.55m. Robusto. Su misión: hacer la pizza.

Toma el papelito: "Garden Fresh".
"Pos que no entiendo como le puede gustar esta cosa, sin chile, a este cabrón", piensa.
Mete la mano en los respectivos tarros de ingredientes: hongos, morrones, tomate, aceituna (tenía aceituna? no me acuerdo). Los ingredientes los estuvo picando Miguel (otro mexicano) todo el día.

Toma una masa ("crust", acá se llaman "crust"). El tipo pidió "classic crust" (ni muy fina ni muy gruesa). Bien, classic crust entonces.
Las masas las hizo Moe. Un muchacho del interior, se vino de Duluth a buscar suerte. Cayó acá.

Juanes pone los ingredientes con un rápido movimiento. Pone el queso. Pone la pizza en el horno (X minutos). Espera y sale la pizza. La deja con el ticket (que tiene la dirección) arriba de la mesa.

De aquí en mas transcurre en forma análoga a una pizzeria uruguaya, sólo que el repartidor viaja en una camioneta y es, obligadamente, sajón, rubicundo, gordo o gordito, y no menos de 1.75cm. No tiene la cara de destruído de los repartidores de acá. Más bien tranquilazo.

Esa es la única interacción humana que tengo al sonar el timbre y verlo a Mike. No le doy propina, porque ya se la dí en el formulario que llené cuando pedí la pizza. Pero él lo sabe, y por eso me agradece. Como ya paqué antes, la interacción es mínima: me da la pizza, yo digo gracias, el dice gracias, y cierro la puerta.

Acatá la pizza. Viene siempre con tarrito de "garlic butter" que nunca usé, y un chile verde, que seguro puso el mexicano porque no acepta que no queramos un poco de picante.